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  • El silencio… Complice perfecto

    La violencia de género se puede expresar de muchas formas, pero una que particularmente afecta a las niñas y mujeres es el silencio que culturalmente se aprende a guardar desde la infancia, quedando asentado en el inconsciente colectivo y ayuda a perpetuar el maltrato.

    El silencio ante el abuso sexual es la mayor expresión de este silencio, que no es privativo de las mujeres, dado que solo hay que ver cuántos casos de pederastia se han reportado en los últimos años por varones mayores de 40 o 50 años, que fueron capaces de hablar hasta ahora del crimen del que fueron víctimas. Las razones de ese silencio son multifactoriales, pero una de ellas es la vergüenza que conlleva por estar relacionada con la intimidad y la integridad personal siendo un sentimiento paralizante.

    El silencio es uno de los mecanismos más utilizados por los proxenetas para controlar a la víctima de explotación sexual comercial, especialmente menor de edad. La forma de silenciarla es mediante la amenaza, chantaje, temor y brutalidad extrema, garantizando con ello que la víctima no busque ayuda para escapar, haciendo creer con hechos o mentiras que todos los que están a su alrededor son sus cómplices; impidiendo que hable por teléfono con otros (supervisando llamadas y posibles contactos) , estando presente y controlando lo que dice cuando habla con familiares para no levantar sospechas y provocando un distanciamiento e incluso odio hacia las chicas que pueden estar en el mismo prostíbulo o paradas en la misma esquina, a fin de que no se comuniquen entre ellas y eventualmente se empoderen y escapen juntas. Si a ello se suma la vergüenza que produce a la joven el crimen del cual es víctima, el silencio es el perfecto candado para callarle la boca, muchas veces por el resto de su vida aun cuando logre su libertad.

    La atención psicoterapéutica especializada donde la víctima encuentra un espacio para hablar, es el inicio de la sanidad interior. La verdad la hace libre de la esclavitud emocional y psicológica, no sólo del perpetrador que controlaba su vida, sino que es uno de los mecanismos para modificar la forma de relacionarse con otros en el futuro, que no vuelva a permitir que se repita y ayuda a desarrollar resiliencia. Quienes no reciben ayuda y no hablan, seguramente serán victimas crónicas.

    Sin embargo, quien sana sus heridas y posteriormente por decisión personal   habla de esta mala experiencia públicamente, experimenta empoderamiento, mayor sanidad y libertad inimaginables. Aquí cabe mencionar, solo por citar un ejemplo lo que ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial. Quienes más aportaron a la realidad de lo que realmente ocurrió al interior de los campos de concentración fueron las víctimas del holocausto que se atrevieron a abrir la boca, se quitaron el candado del estigma y fueron la voz de millones de personas, logrando que se hiciera justicia y se evitara que el crimen se repita. Sobrevivientes resilientes, empoderados que sanaron interiormente, al punto de hablar públicamente de los crímenes de guerra como una experiencia terrible de su pasado, que se ha quedado precisamente ahí, en el pasado, y han hecho de su lucha un propósito de vida denunciando y recordándonos lo que nadie debe olvidar.

    Igualmente, hoy hay víctimas de Explotación Sexual Comercial mayores de edad que han hecho de su mala experiencia algo que las ha llevado a ser la voz de millones de mujeres, niñas y niños que no se atreven a hablar, voces que quieren acallar incluso de manera inexplicables algunos que se dicen luchadores en contra de la trata. Estas supervivientes hablan de la forma en que sus captores las silenciaron por años y las terribles vejaciones que 30 o 40 clientes diarios las afectaron. Hacen ver la cadena de complicidades que hay en el delito, desenmascaran los mecanismos de enganche de los proxenetas, denuncian los lugares del crimen, y llevan un mensaje de concientización a los millones de clientes que bien pueden o no saber que la chica que contratan es una víctima de trata y previenen a posibles víctimas, familias y sociedad en general.

    Supervivientes resilientes, empoderadas y valientes que estudian o han terminado su carrera profesional, que trabajan en sus profesiones, llenas de vida, sanas emocionalmente, que han recuperado su vida, con esperanza en el futuro y en nuestro México. Algunas ya casadas con familia, otras líderes y ejemplo de sus comunidades y reconocidas por los medios de comunicación, como en la revista FORBES como ciudadanas valientes y poderosas por sus voces y lucha (1).

    ¿Cómo lo lograron? Simplemente se atrevieron a hablar, a no permitir que nadie más las silencie, levantando la voz para ser escuchadas, ejerciendo sus derechos humanos. La sociedad debe permitir que las sobrevivientes hablen, si lo impedimos seremos cómplices del silencio perverso.

     

    Autoría
    Psic. Patricia Prado Hernández
    Presidenta Fundación Camino a Casa AC.
    Consejera Consultiva INMUJERES

  • Supervivientes poderosas

    En su edición Las 100 mujeres más poderosas de México 2016, la Revista Forbes incluyó a 5 supervivientes de trata: Karla de la Cuesta, Madaí Morales, Karla Jacinto, Neli Delgado y Pamela. Nos enorgullece que 4 supervivientes que fueron atendidas en Fundación Camino a Casa reciban este reconocimiento. Estamos muy orgullosos de cada una de ellas y estamos seguros que sus historias de vida inspiran a miles de personas a hacer un cambio positivo para la sociedad.

    Puedes leer las entrevistas que Forbes realizó a las supervivientes aquí.

  • Testimonio: Madai, superviviente de trata

    Madai Morales es superviviente de trata, estudiante de la licenciatura en Derecho y activista social. Colabora con Fundación Camino a Casa en el área legal dando seguimiento al proceso de cada víctima. “Yo estoy aquí para animarte cada vez que te sientas desfallecer” le dice Madai a las víctimas que son atendidas en nuestro refugio, donde, en su momento, ella también fue atendida. “Si yo pude lograrlo, tú también puedes hacerlo” las alienta.
    “Yo hoy puedo decir que Fundación Camino a Casa es como mi familia” declara la joven con profunda gratitud.

  • Conoce a la abogada Sandra

    Te presentamos a la licenciada Sandra Diéguez, abogada y representante de la Fundación. Sandra nos explica que a través de una llamada las autoridades informan a nuestra organización que una víctima ha sido rescatada. En el primer contacto con la víctima, la abogada le explica quiénes somos, qué hacemos y en qué consiste nuestro modelo de atención para que ella decida de forma voluntaria ingresar al albergue. Durante su estadía, Sandra le brindará asistencia jurídica en todo momento, la acompañará en sus diligencias y se asegurará que sus derechos sean respetados.

  • Testimonio: Estrella vuelve a brillar

    Estrella fue engañada por una compañera de la escuela quien la entregó a tratantes. Intentó escapar en varias ocasiones, hasta que por fin lo logró. Llegó con una familia que la ayudó y la llevó a la Procuraduría del Estado de México, allí la canalizaron a Fundación Camino a Casa.
    “Aquí en Fundación Camino a Casa pude lograr terminar mi preparatoria, cosa que había intentado allá afuera durante dos años. Inicié la licenciatura en Pedagogía. Hoy veo en mí un gran futuro, un futuro que nunca imaginé” nos comparte la joven.

  • Conoce a la psicóloga América

    América es la psicóloga de Fundación Camino a Casa. Nos cuenta que para que una víctima sienta la confianza de contar su historia y recibir terapia, primero es necesario establecer una buena relación. “La mayoría de las chicas llegan temerosas, inseguras, con mucha incertidumbre por la situación que ha pasado” explica América. Por eso, las ayuda a visualizarse como víctimas para que pueda resurgir y construir un futuro. Además, América capacita al personal y al voluntariado de Fundación para que tengan un mejor acercamiento a las víctimas.

  • Conoce a la “tía” Elizabeth

    Queremos que conozcas más sobre la vida al interior de Fundación Camino a Casa, así como las etapas de recuperación y el proceso de atención de cada una de las víctimas. Por eso, en este video te presentamos a Eli, quien cumple las funciones de “tía” en Fundación Camino a Casa. Como “tía”, acompaña a las niñas durante la noche, momento en el que muchas de las víctimas necesitan apoyo. La “tía” Eli vela su sueño porque algunas niñas entran en crisis de pánico o de ira. Así, el acompañamiento nocturno de Eli les permite tener a alguien siempre a su lado.

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